A mis directores
Jurate Rosales y Edgar C. Otálvora
Por ver lo que mis ojos ven...
Solo contra el Monstruo
Los monstruos, esos seres mitológicos que asustan y que representan el espanto por lo desconocido, son cualquier tipo de criatura extraña, grotesca y legendaria. Tienen formas diversas, generalmente son gigantescos ante el héroe que los enfrenta, arrojan fuego o agua por alguna especie de trompa o la boca misma. Su aspecto siempre es aberrante a cualquier canon de belleza que se ha estereotipado desde los tiempos griegos.
La palabra monstruo deriva del latín “monstrum” que significa presagio y a su vez viene de la raíz “monere” advertir. El primer monstruo que debemos enfrentar en nuestras vidas es “El Coco”, ese que desde temprana edad nuestras madres nos dicen que habita debajo de la cama o en un oscuro closet y que si no nos portamos bien nos va a salir, para hacernos a la final no sabemos qué. Hasta que decidimos confrontarlo y vemos que nunca nos sale, para darnos cuenta que no existe.
Ante cualquier monstruo surgen los héroes que se les enfrentan. Estos a pesar de ser minúsculos ante ellos se arman de valor y prueban tener entereza a prueba de fuego. Echan mano de lo único que tienen en ese momento: su inteligencia, con lo cual los hacen retroceder para finalmente vencerlos.
El jueves 13 de agosto de 2009, en la céntrica Avenida Universidad de la metrópolis caraqueña, surgió un héroe enfrentando un monstruo: un valiente manifestante que con tan sólo sus manos y su gesto delante del camión cisterna que llaman “la ballena” de la Policía Metropolitana, detuvo e hizo retroceder la acción represiva que llevaba a cabo contra una pacífica marcha de las comunidades universitarias que rechazaban la inminente aprobación, ese mismo día, de la inconsulta Ley Orgánica de Educación.
Cual héroe, al mejor estilo de La Odisea, este anónimo Ulises caraqueño encara al Polifemo convertido en máquina de represión monstruosa que avanza sobre los manifestantes, buscando atragantarlos como hizo el Cíclope con los compañeros de viaje del héroe homérico. Desde la esquina de Sociedad avanzó la Cisterna Polifemo hacia los valientes estudiantes universitarios, profesores, maestros, padres y representantes de alumnos afectados por esta rechazada Ley de Educación, quienes sólo querían ser escuchados pero, sin mediar palabras, les fue lanzada una nutrida carga de gas lacrimógeno seguida del chorro de agua que despedía el camión policial. Entre los manifestantes se encontraban los rectores de la UCAB, el padre Luis Ugalde y, el rector de la Universidad Simón Bolívar Benjamín Scharifker, quienes debieron ser socorridos visiblemente afectados por un ataque descrito por muchos como la mayor concentración de gas lacrimógeno vista en Caracas en todos los tiempos. El ataque fue sorpresivo y masivo. Así, al dispersarse el gas, la “ballena” dejó de rociar pero siguió avanzando hacia los manifestantes replegados, y de entre ellos surgió nuestro Ulises quien, cual estaca en el ojo de Polifemo, se planta frente a la cisterna deteniéndola y haciéndola retroceder por varios minutos, como aquel mismo gesto que en junio de 1989 hizo el joven chino frente a los tanques en la Plaza de Tian’anmen.
No puedo estar mas de acuerdo con Pierre Brulat cuando dijo que “entre un héroe y un hombre que pasa oscuro en la vida, no ha habido sino frecuentemente la ocasión”.
Cecilia Rodríguez, Reportera Gráfica de El Nuevo País y Revista Zeta.




